Aquí estoy de nuevo, como esos kilitos que te intentaste quitar con esa infructuosa dieta.
Yo, como casi todo friki, tuve una época en la que devoraba doramas, japoneses y coreanos. Sin embargo, llegué a un punto en que no pude más. Todos me parecían iguales, todos los actores actuaban peor que un ladrillo y, en fin, pura cansinez. Pero, ¡ah!, Un día, leyendo una de mis revistas favoritas de moda, vi anunciado el Bluray de Rich man, poor woman y, no sé por qué, me entró un gusanillo tremendo por verlo y eso que la temática y los actores ni fu ni fa.
Podría ver yo de nuevo un dorama, que la última vez que los veía tengo casi el recuerdo que lo hacía en blanco y negro... y, voilà. Pude y encima lo pasé genial, recordé aquella adicción que tuve en mis tiernos comienzos.
El título, conste, que no lo veo muy acertado. Porque, vale, el protagonista es rico, pero la protagonista... tanto como pobre, no es. Digamos que va justilla, pero claro, supongo que eso no vendía tanto. Correré un tupido velo sobre la manía de que en los doramas las mujeres siempre sean los personajes pobres.
La historia se centra en el presidente de una compañía de TIC. Es muy rico, muy guapo y muy todo. Le costó lo suyo llegar a donde está, ya que empezó con un compañero en un pequeño cuarto e incluso abandonó el instituto para dedicarse en cuerpo y alma a la programación.
Luego, por otra parte, tenemos a la protagonista, una estudiante de la prestigiosa universidad de Tokio, que a pesar de su brillante expediente es incapaz de encontrar trabajo (novedad). Desesperada, un día decide asistir a un recruitment meeting de la empresa de Toru, el protagonista. El presidente, todo sobradillo, le dice a los candidatos que no tengan más de una propuesta formal por parte de otras empresas, que se pueden largar en ese mismo momento porque ni está interesado en ellos.
A la protagonista eso le duele en el alma, porque hasta el presidente se mete con ella diciéndole que ya ve de qué le sirve matarse a estudiar en una de las mejores universidades, que es incapaz de encontrar trabajo. Sin embargo, cuando el presidente le pregunta a la chica cómo se llama y ésta el dice su nombre, shock absoluto, porque la chica, supuestamente, se llama igual que su madre, que lo abandonó de pequeño.
No quiero contar mucho más, porque no quiero hacer spoilers, pero os puedo asegurar que la química que tienen los dos protagonistas es increíble. En segundos se convertirán en vuestra OTP y es que fue una las series más valoradas y queridas cuando se emitió. Es más, todo el mundo está esperando como agua de mayo el especial que se va a emitir en primavera de este año.
Como todo dorama japo, tiene un montón de topicazos, pero es que los lleva muy bien. Los ves y dices, vale, lo sé, típico, pero me gusta, continúa. Por ejemplo, Oguri Shun, que a mí nunca me atrajo, en este dorama es tan adorable que se me escapaban arco iris por la boca. E Ishihara Satomi es tan kawaii, que, por favor, alguien la pare.
En definitiva, el mejor dorama que he visto en años. ¡Estoy deseando que llegue la primavera para ver ese SP!








